Marriage & Family Therapy
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Tu bebé por fin está en tus brazos, dormido plácidamente después de comer, con una leve sonrisa en su rostro que irradia paz y tranquilidad, y tu que no dejas de verlo, de observar cada detalle, de saborear su olor a recién nacido, de acariciar sus pequeños y detallados deditos, sus orejitas, su pequeña nariz. ¡Por fin eres mamá!

Por fin se concreto tu sueño de tener a tu hijo contigo y tu corazón rebosa de alegría. Todos te felicitan por el nacimiento, por la belleza de tu angelito, por el buen trabajo que hiciste esos nueve meses de llevarlo en tu vientre, nutrirlo y hacerlo crecer. Y ahora te dan consejos con la buena intención de ayudarte en tu nuevo camino como mamá: cómo cambiar los pañales, limpiar los biberones o amantar, poner a dormir a tu bebé, usar o no usar el chupón, sacarlo a pasear, darle su primer baño…

Y puede que te mencionen de pasada que es normal que el cambio hormonal te haga sentir diferente, triste, ansiosa; pero pues es de esperarse siendo que acabas de pasar por un cambio tremendo, física y emocionalmente – que es normal sentir los famosos baby blues.

¿Pero qué pasa cuando no es eso exactamente lo que sientes? ¿Cuando lo que sientes es una presión tremenda por ser una buena, no – una excelente – mamá?, ¿cuando escuchar llorar a tu hijo te hace sentir que quieres salir corriendo de tu casa?, ¿cuándo lloras desconsoladamente y sin razón aparente?, ¿o sientes angustia y nervios de cualquier cosa que haces?. Cuando de repente los baby blues parece ser más negros que azules. ¿Qué debes de hacer?

¿Qué son los baby blues y qué es la depresión posparto?

Los baby blues, o la tristeza posparto, afecta aproximadamente al 80% de las mujeres en las primeras semanas después del parto. Se define como el sentirte triste, irritable, ansiosa, no poder dormir bien y/o llorar repentinamente. La tristeza posparto normalmente dura menos de dos semanas y no afecta tu habilidad de cuidar de tu hijo o de disfrutar de él. Es transitoria y más allá de hacerte sentir rara, diferente, triste, no te deja tirada en la cama sin ganas de hacer nada ni sin energía, que sientes que ni siquiera puedes moverte.

La depresión posparto, por otro lado, tiende a durar más de dos semanas y es de más gravedad. Se caracteriza por presentar algunos o todos de los siguientes síntomas:

  • desesperanza,
  • sentimiento de inutilidad y culpa,
  • tristeza,
  • cambios en el dormir (ya de por si afectados con el horario de comidas y cuidados del bebé),
  • falta de interés en tu hijo y/o en cosas que te interesaban antes,
  • falta de energía,
  • problemas de concentración,
  • falta de apetito,
  • retardación motora (que sientes que cuando te mueves lo haces de manera lenta),
  • deseos de lastimarte o lastimar a tu hijo.

¡La depresión posparto se debe de tomar con seriedad! Lo más importante es saber reconocerla y pedir ayuda.

¿Porqué? Porque es importante que sepas que no estás sola, que no es tu culpa el que sufras de depresión posparto y
que sepas que SÍ se puede tratar.

Reflexiona: tu eres el todo de tu bebé, su fuente de nutrición, su fuente de amor y cuidado incondicional, la que vela por su sueño y se preocupa por cualquier y cada mínimo detalle. La realidad es que su sobrevivencia depende absolutamente de ti, y eso puede ser maravilloso, pero a la vez también es agotador, desgastante, ¡abrumador! Y muchas veces la expectativa que fuimos construyendo durante el embarazo, de lo maravilloso que vamos a ser como madres, el amor que vamos a dar y vamos sentir por nuestros hijos, los cuidados que vamos a proveer, todo eso hace difícil aceptar la realidad de que no todo es color de rosa y de que tenemos días en los que escuchar un llorido más nos hace querer salir corriendo y escondernos debajo de la mesa. El tener que cambiar un pañal más, el tener que amamantar o preparar un biberón una vez más…

También, es que a veces es muy complejo afrontar la realidad de que una vez que te conviertes en madre tu vida cambiará por siempre. Este no es un trabajo que si no te gusta puedas cambiar o buscar otro mejor o con diferentes horarios. Nuestra identidad como persona, como mujer, será completamente afectada por el hecho de convertirnos en mamás. El ser honestas con nosotras mismas cuando sentimos que esta nueva etapa de nuestra vida no era lo que esperábamos… bueno, eso es bastante difícil de admitir. Y todavía es más difícil de admitírselo y compartir esa experiencia de duda, de tristeza, de depresión, a nuestra pareja, a nuestra familia y amigos, hasta contarle al doctor en la primera visita después del nacimiento. ¿Qué tal si piensan mal de mí, que soy una mala madre?

La depresión posparto afecta al 10-15% de las mujeres y no es nada por lo cual debas de avergonzarte. Debes de saber que si has sentido eso, no eres la primera ni la única, ni eres anormal. Lo más importante es que debes de saber que con el cuidado necesario podrás sobrellevar y salir de esa depresión.

Si reconoces que tienes más de dos síntomas de depresión posparto es importante e imperativo que busques ayuda. Habla con tu pareja y familia, y busca la ayuda de tu partera o médico para que ellos te ayuden y guíen en que pasos tomar para tu recuperación. La depresión posparto se puede tratar con psicoterapia y algunas veces con medicamentos. Como cualquier otro padecimiento requiere de atención, cuidados y un plan de ayuda y soporte.

La depresión posparto afecta el vínculo de apego con tu bebé y por consecuencia el crecimiento emocional de él y el tuyo. El cuidado que le des a tu bebé desde el primer día es esencial para su desarrollo y crecimiento, y si no te sientes bien ese cuidado no va a ser de lo mejor o no vas a poder siquiera darle cuidado alguno.

El primer paso para convertirte en la mejor mamá que puedas ser es cuidarte a ti misma.

Si tu te cuidas, si te sientes bien contigo misma, si puedes disfrutar y reír, el cuidado y el amor que le des a tu bebé va a ser de calidad y mejor.

Recuerda, si tu estás bien tu bebé también lo estará. Mereces poder disfrutar de tu hijo y de tu rol de madre, mereces poder despertar por la mañana y sonreír sabiendo que será un buen día.

No dudes en extender tu mano y pedir ayuda porque no estás sola.